SE DICTAN CLASES DE: FOLCLORE ARGENTINO, DANZAS ESPAÑOLAS Y FLAMENCAS, DANZAS CLÁSICAS. DANZAS DEL VIENTRE, COMÚNMENTE LLAMADAS ÁRABES. //BALLET EN FORMACION DE TODAS LAS DANZAS , INTEGRADO POR LOS ALUMNOS QUE ASÍ LO DESEEN.!!! -------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------//--------------------------------------------------------------------- . LAS CLASES SE DIVIDEN POR NIVELES : JARDÍN, PARA NIÑO/AS DE 3 A 5 AÑOS, SIEMPRE ACOMPAÑADOS POR SUS PADRES O UN ADULTO RESPONSABLE QUE SE QUEDE CON ELLOS DURANTE LA CLASE , INICIACION A LA DANZA , PRINCIPIANTES , INTERMEDIOS, AVANZADOS Y NIVEL PARA ADULTOS TAMBIEN!----------------------------------------------------------------------------- --------------------------------------------------------------------------- //
-LOS ESPERO CON GANAS DE TRABAJAR, CON DEDICACIÓN; CREATIVIDAD , ASÍ PODER LOGRAR NUESTRAS METAS,PERO SIEMPRE DISFRUTANDO CADA CLASE, SINTIÉNDONOS CÓMODOS Y PLENAMENTE FELICES, POR QUE BAILAR ES SOÑAR CON LOS PIES ...

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lunes, 8 de febrero de 2010

De los palos más sencillos a los más difíciles:

******Sencillos

*SevillanaS

Las *sevillanas son el primer baile que se suele aprender. La principal razón es que es el único palo que tiene una coreografía fija, aunque algunos pasos pueden variar dependiendo de las escuelas. Es uno de los bailes más completos; tiene zapateado, vueltas, marcajes, cierres… y es, además, el mejor para aprender a coordinar brazos y pies. También son una buena forma de acostumbrarse a ir con la música porque tienen un compás sencillo y muy marcado que es fácil de seguir y de aprender, al repetirse varias veces las coplas y los estribillos. Otra ventaja es que es un baile de pareja lo que hace su aprendizaje más
ameno y rápido. También es uno de los bailes que más se practican fuera de la academia. Una vez bien aprendidas, se puede estudiar su acompañamiento con palillos.

El *fandango de Huelva es el siguiente baile que suele aprenderse. Tiene pasos que son comunes a las sevillanas y llevan el mismo compás de tres tiempos. También es un baile popular compuesto de varias coplas y estribillo, al que nuestro oído se acostumbra fácilmente. También se puede acompañar con palillos.

Otro palo sencillo de seguir son los *tanguillos. Con este baile se empieza a avanzar en la técnica del zapateado y entramos en el compás de cuatro tiempos. La rumba también tiene ese compás, pero no suele enseñarse en las academias porque carece de hondura flamenca y es un baile más dado a la improvisación.

******Medios

Los *tangos y los tientos también siguen el compás de cuatro tiempos y en estos bailes se requiere ya una mayor expresividad y gracia a la hora de interpretarlo. El compás es fácil de seguir pero los movimientos son más elaborados y es importante ejecutarlos con naturalidad y soltura.

El siguiente paso sería adentrarse en el grupo de los cantes de Cádiz para estudiar el compás de doce tiempos. A este grupo pertenecen las *alegrías, las cantiñas, las romeras, el mirabrás y los caracoles. Con estos bailes se profundiza en la estructura y el orden de ejecución de los distintos pasos flamencos (llamada, cierre, remate, escobilla, marcaje, desplante). Los zapateados empiezan a complicarse.

********Difíciles


Siguiendo con el compás de doce tiempos, entramos en la *soleá, y llegamos a lo más difícil del flamenco que es la interpretación del baile con sentimiento y solemnidad. A la estructura del baile y la complejidad de los zapateados se añaden ahora movimientos de brazos, ondulaciones de caderas y quiebros de cintura cargados de majestuosidad y arte. Se puede bailar con mantón. Dentro del grupo con compás de doce tiempos y con similar grado de dificultad, están otros bailes como el martinete, la guajira, la caña…

También tiene compás de doce tiempos la *bulería, un baile festero al que sólo se llega después de tener el oído muy acostumbrado a seguir el compás. Además aquí se añade la facilidad que tengamos para improvisar y ejecutar los movimientos con gracia. Si queremos zapatear deberemos hacerlo con velocidad, pues el ritmo es más rápido que en otros bailes.

La *seguiriya es otro palo de doce tiempos, pero sigue un compás mixto o alterno. La medida es algo compleja y cuesta acostumbrarse a ella. Además es un baile estilizado que no admite adornos fáciles y que ha de interpretarse con sobriedad. Alterna muchos tipos de pasos y, para colmo, se puede complicar con el acompañamiento de palillos o con el uso de bata de cola y/o mantón. Es de los bailes más difíciles.

iniciarse en el baile flamenco:

. Por donde empezar: lo que hay que tener para bailar flamenco


Para empezar a bailar flamenco hay que estar convencido de ello y ser paciente; no es algo que pueda aprenderse en dos días y, si alguien te dice eso, te está “mintiendo”.

De hecho, el flamenco es una danza en la que a la dificultad de aprender los pasos y movimientos, se añaden los códigos de entendimiento con el guitarrista y el cantaor, las características específicas de cada palo, el sentimiento y el arte que hay que ponerle...

Pero no por esto hay que tenerle miedo. Todo lo contrario. Su mayor virtud es que es un baile cuyo encanto está en la personalidad y el arte de quien lo interprete y otras cualidades, como la juventud, la resistencia o flexibilidad que se exigen en otras danzas, no son imprescindibles. Con unas mínimas facultades, estudio, constancia y mucho corazón, casi todo el mundo puede llegar a aprenderlo y disfrutarlo.


Ya puedes empezar a bailar:

Técnica y sentimiento: brazos, pies, cuerpo y corazón.

Los brazos en el flamenco

Brazos

Si algo caracteriza al flamenco y, sobre todo, al baile de la mujer, es el movimiento de brazos. Requiere técnica, mucha práctica y arte. Los brazos deben mantenerse altos, sobre la cabeza, y redondeados, que no se noten los codos. Al principio te cansarás y quizás tengas agujetas, pero con el tiempo lograrás mantenerlos arriba y controlarlos sin flojear en ningún momento.

Al mismo tiempo que se mueven los brazos hay que girar las manos hacia dentro y hacia fuera. Este movimiento deberá ir con la música y evitar que las manos parezcan dos molinillos descontrolados. No es fácil, pero una vez conseguido, nuestros brazos habrán ganado carácter, personalidad y arte.

Una vez dominado el movimiento de brazos habrá que coordinarlo con los pies. Al principio cuesta un poco, pero después sale solo.

Pies

El zapateado también es una parte imprescindible del flamenco. Se zapatea con las rodillas ligeramente flexionadas para golpear con fuerza, amortiguar el golpe y evitar lesiones. La espalda debe mantenerse recta y los pies se sitúan en línea con la cadera. Hay varios tipos de percusiones de pies: golpe, planta, tacón, punta… Es importante que suenen “limpios” y claros y eso sólo se consigue con mucha técnica, oído, fuerza y resistencia. Si se practica, se acaban adquiriendo dichas cualidades.
Zapateado




Cuerpo

La colocación hay que cuidarla desde el principio, si nos acostumbramos a una buena posición, llegará un momento en que nos salga sin pensarlo y será nuestra postura habitual, incluso cuando caminemos por la calle. El cuerpo debe colocarse muy recto, con gallardía, aunque también debe quebrarse y estirarse cuando el paso lo requiera. Estos movimientos tienen que ser armoniosos, naturales, no forzados; el bailaor tiene que sentirse identificado con la plástica del movimiento. La cabeza también es importante. Deberá mantenerse alta, acentuará el sentido de nuestros pasos y nuestro baile ganará en expresividad.

Corazón

Es lo más difícil y lo más importante. El baile flamenco hay que sentirlo y hacérselo sentir al que lo contempla. Hay que saber dar salida a los sentimientos y a la expresión de nuestra personalidad. Para ello, hay que entender la música y dejarse llevar por ella. El flamenco no es un arte con reglas fijas. Aquí estriba su mayor dificultad. Es importante dedicar tiempo a profundizar en los cantes y toques para percibir sus peculiaridades. Hay que conocer y dominar el compás, el lenguaje expresivo flamenco, la técnica, las estructuras de los bailes, los palos... Hay que saber además combinar toda clase de movimientos y pasos con naturalidad y ser capaz de improvisar.

domingo, 11 de octubre de 2009

Teoría y juego del duende Federico García Lorca

Teoría y juego del duende


Federico García Lorca
Madrid, 1933.


Señoras y señores:

Desde el año 1918, que ingresé en la Residencia de Estudiantes de Madrid, hasta 1928, en que la abandoné, terminados mis estudios de Filosofía y Letras, he oído en aquel refinado salón, donde acudía para corregir su frivolidad de playa francesa la vieja aristocracia española, cerca de mil conferencias.

Con ganas de aire y de sol, me he aburrido tanto, que al salir me he sentido cubierto por una leve ceniza casi a punto de convertirse en pimienta de irritación.

No. Yo no quisiera que entrase en la sala ese terrible moscardón del aburrimiento que ensarta todas las cabezas por un hilo tenue de sueño y pone en los ojos de los oyentes unos grupos diminutos de puntas de alfiler.

De modo sencillo, con el registro que en mi voz poética no tiene luces de maderas, ni recodos de cicuta, ni ovejas que de pronto son cuchillos de ironías, voy a ver si puedo daros una sencilla lección sobre el espíritu oculto de la dolorida España.

El que está en la piel de toro extendida entre los Júcar, Guadalete, Sil o Pisuerga (no quiero citar a los caudales junto a las ondas color melena de león que agita el Plata), oye decir con medida frecuencia: "Esto tiene mucho duende." Manuel Torres, gran artista del pueblo andaluz, decía a uno que cantaba: "Tú tienes voz, tú sabes los estilos, pero no triunfaras nunca, porque tú no tienes duende."

En toda Andalucía, roca de Jaén y caracola de Cádiz, la gente habla constantemente del duende y lo descubre en cuanto sale con instinto eficaz. El maravilloso cantaor El Lebrijano, creador de la Debla, decía: "Los días que yo canto con duende no hay quien pueda conmigo"; la vieja bailarina gitana La Malena exclamó un día oyendo tocar a Brailowsky un fragmento de Bach: "¡Ole! ¡Eso tiene duende!", y estuvo aburrida con Gluck y con Brahms y con Darius Milhaud. Y Manuel Torres, el hombre de mayor cultura en la sangre que he conocido, dijo, escuchando al propio Falla su Nocturno del Generalife, esta espléndida frase: "Todo lo que tiene sonidos negros tiene duende." Y no hay verdad más grande.

Estos sonidos negros son el misterio, las raíces que se clavan en el limo que todos conocemos, que todos ignoramos, pero de donde nos llega lo que es sustancial en el arte. Sonidos negros dijo el hombre popular de España y coincidió con Goethe, que hace la definición del duende al hablar de Paganini, diciendo: "Poder misterioso que todos sienten y que ningún filósofo explica."

Así, pues, el duende es un poder y no un obrar, es un luchar y no un pensar. Yo he oído decir a un viejo maestro guitarrista: "El duende no está en la garganta; el duende sube por dentro desde la planta de los pies." Es decir, no es cuestión de facultad, sino de verdadero estilo vivo; es decir, de sangre; es decir, de viejísima cultura, de creación en acto.

Este "poder misterioso que todos sienten y que ningún filósofo explica" es, en suma, el espíritu de la sierra, el mismo duende que abrazó el corazón de Nietzsche, que lo buscaba en sus formas exteriores sobre el puente Rialto o en la música de Bizet, sin encontrarlo y sin saber que el duende que él perseguía había saltado de los misteriosos griegos a las bailarinas de Cádiz o al dionisíaco grito degollado de la siguiriya de Silverio.

Así, pues, no quiero que nadie confunda al duende con el demonio teológico de la duda, al que Lutero, con un sentimiento báquico, le arrojó un frasco de tinta en Núremberg, ni con el diablo católico, destructor y poco inteligente, que se disfraza de perra para entrar en los conventos, ni con el mono parlante que lleva el truchimán de Cervantes, en la comedia de los celos y las selvas de Andalucía.

No. El duende de que hablo, oscuro y estremecido, es descendiente de aquel alegrísimo demonio de Sócrates, mármol y sal que lo arañó indignado el día en que tomó la cicuta, y del otro melancólico demonillo de Descartes, pequeño como almendra verde, que, harto de círculos y líneas, salió por los canales para oír cantar a los marineros borrachos.

Todo hombre, todo artista llamará Nietzsche, cada escala que sube en la torre de su perfección es a costa de la lucha que sostiene con un duende, no con un ángel, como se ha dicho, ni con su musa. Es preciso hacer esa distinción fundamental para la raíz de la obra.

El ángel guía y regala como San Rafael, defiende y evita como San Miguel, y previene como San Gabriel.

El ángel deslumbra, pero vuela sobre la cabeza del hombre, está por encima, derrama su gracia, y el hombre, sin ningún esfuerzo, realiza su obra o su simpatía o su danza. El ángel del camino de Damasco y el que entró por las rendijas del balconcillo de Asís, o el que sigue los pasos de Enrique Susson, ordena y no hay modo de oponerse a sus luces, porque agita sus alas de acero en el ambiente del predestinado.

La musa dicta, y, en algunas ocasiones, sopla. Puede relativamente poco, porque ya está lejana y tan cansada (yo la he visto dos veces), que tuve que ponerle medio corazón de mármol. Los poetas de musa oyen voces y no saben dónde, pero son de la musa que los alienta y a veces se los merienda. Como en el caso de Apollinaire, gran poeta destruido por la horrible musa con que lo pintó el divino angélico Rousseau. La musa despierta la inteligencia, trae paisaje de columnas y falso sabor de laureles, y la inteligencia es muchas veces la enemiga de la poesía, porque imita demasiado, porque eleva al poeta en un bono de agudas aristas y le hace olvidar que de pronto se lo pueden comer las hormigas o le puede caer en la cabeza una gran langosta de arsénico, contra la cual no pueden las musas que hay en los monóculos o en la rosa de tibia laca del pequeño salón.

Ángel y musa vienen de fuera; el ángel da luces y la musa da formas (Hesíodo aprendió de ellas). Pan de oro o pliegue de túnicas, el poeta recibe normas en su bosquecillo de laureles. En cambio, al duende hay que despertarlo en las últimas habitaciones de la sangre.

Y rechazar al ángel y dar un puntapié a la musa, y perder el miedo a la fragancia de violetas que exhale la poesía del siglo XVIII y al gran telescopio en cuyos cristales se duerme la musa enferma de límites.

La verdadera lucha es con el duende.

Se saben los caminos para buscar a Dios, desde el modo bárbaro del eremita al modo sutil del místico. Con una torre como Santa Teresa, o con tres caminos como San Juan de la Cruz. Y aunque tengamos que clamar con voz de Isaías: "Verdaderamente tú eres Dios escondido", al fin y al cabo Dios manda al que lo busca sus primeras espinas de fuego.

Para buscar al duende no hay mapa ni ejercicio. Solo se sabe que quema la sangre como un tópico de vidrios, que agota, que rechaza toda la dulce geometría aprendida, que rompe los estilos, que hace que Goya, maestro en los grises, en los platas y en los rosas de la mejor pintura inglesa, pinte con las rodillas y los puños con horribles negros de betún; o que desnuda a Mosén Cinto Verdaguer con el frío de los Pirineos, o lleva a Jorge Manrique a esperar a la muerte en el páramo de Ocaña, o viste con un traje verde de saltimbanqui el cuerpo delicado de Rimbaud, o pone ojos de pez muerto al conde Lautréamont en la madrugada del boulevard.

Los grandes artistas del sur de España, gitanos o flamencos, ya canten, ya bailen, ya toquen, saben que no es posible ninguna emoción sin la llegada del duende. Ellos engañan a la gente y pueden dar sensación de duende sin haberlo, como os engañan todos los días autores o pintores o modistas literarios sin duende; pero basta fijarse un poco, y no dejarse llevar por la indiferencia, para descubrir la trampa y hacerle huir con su burdo artificio.

Una vez, la "cantaora" andaluza Pastora Pavón, La Niña de los Peines, sombrío genio hispánico, equivalente en capacidad de fantasía a Goya o a Rafael el Gallo, cantaba en una tabernilla de Cádiz. Jugaba con su voz de sombra, con su voz de estaño fundido, con su voz cubierta de musgo, y se la enredaba en la cabellera o la mojaba en manzanilla o la perdía por unos jarales oscuros y lejanísimos. Pero nada; era inútil. Los oyentes permanecían callados.

Allí estaba Ignacio Espeleta, hermoso como una tortuga romana, a quien preguntaron una vez: "¿Cómo no trabajas?"; y él, con una sonrisa digna de Argantonio, respondió: "¿Cómo voy a trabajar, si soy de Cádiz?"

Allí estaba Eloísa, la caliente aristócrata, ramera de Sevilla, descendiente directa de Soledad Vargas, que en el treinta no se quiso casar con un Rothschild porque no la igualaba en sangre. Allí estaban los Floridas, que la gente cree carniceros, pero que en realidad son sacerdotes milenarios que siguen sacrificando toros a Gerión, y en un ángulo, el imponente ganadero don Pablo Murube, con aire de máscara cretense. Pastora Pavón terminó de cantar en medio del silencio. Solo, y con sarcasmo, un hombre pequeñito, de esos hombrines bailarines que salen, de pronto, de las botellas de aguardiente, dijo con voz muy baja: "¡Viva París!", como diciendo. "Aquí no nos importan las facultades, ni la técnica, ni la maestría. Nos importa otra cosa."

Entonces La Nina de los Peines se levantó como una loca, tronchada igual que una llorona medieval, y se bebió de un trago un gran vaso de cazalla como fuego, y se sentó a cantar sin voz, sin aliento, sin matices, con la garganta abrasada, pero... con duende. Había logrado matar todo el andamiaje de la canción para dejar paso a un duende furioso y abrasador, amigo de vientos cargados de arena, que hacía que los oyentes se rasgaran los trajes casi con el mismo ritmo con que se los rompen los negros antillanos del rito, apelotonados ante la imagen de Santa Bárbara.

La Niña de los Peines tuvo que desgarrar su voz porque sabía que la estaba oyendo gente exquisita que no pedía formas, sino tuétano de formas, música pura con el cuerpo sucinto para poder mantenerse en el aire. Se tuvo que empobrecer de facultades y de seguridades; es decir, tuvo que alejar a su musa y quedarse desamparada, que su duende viniera y se dignara luchar a brazo partido. ¡Y como cantó! Su voz ya no jugaba, su voz era un chorro de sangre digna por su dolor y su sinceridad, y se abría como una mano de diez dedos por los pies clavados, pero llenos de borrasca, de un Cristo de Juan de Juni.

La llegada del duende presupone siempre un cambio radical en todas las formas sobre planos viejos, da sensaciones de frescura totalmente inéditas, con una calidad de rosa recién creada, de milagro, que llega a producir un entusiasmo casi religioso.

En toda la música árabe, danza, canción o elegía, la llegada del duende es saludada con enérgicos "¡Alá, Alá!", "¡Dios, Dios!", tan cerca del "¡Olé!" de los toros, que quién sabe si será lo mismo; y en todos los cantos del sur de España la aparición del duende es seguida por sinceros gritos de "¡Viva Dios!", profundo, humano, tierno grito de una comunicación con Dios por medio de los cinco sentidos, gracias al duende que agita la voz y el cuerpo de la bailarina, evasión real y poética de este mundo, tan pura como la conseguida por el rarísimo poeta del XVII Pedro Soto de Rojas a través de siete jardines o la de Juan Calímaco por una temblorosa escala de llanto.

Naturalmente, cuando esa evasión está lograda, todos sienten sus efectos: el iniciado, viendo cómo el estilo vence a una materia pobre, y el ignorante, en el no sé qué de una autentica emoción. Hace años, en un concurso de baile de Jerez de la Frontera se llevó el premio una vieja de ochenta años contra hermosas mujeres y muchachas con la cintura de agua, por el solo hecho de levantar los brazos, erguir la cabeza y dar un golpe con el pie sobre el tabladillo; pero en la reunión de musas y de ángeles que había allí, bellezas de forma y bellezas de sonrisa, tenía que ganar y ganó aquel duende moribundo que arrastraba por el suelo sus alas de cuchillos oxidados.

Todas las artes son capaces de duende, pero donde encuentra más campo, como es natural, es en la música, en la danza y en la poesía hablada, ya que estas necesitan un cuerpo vivo que interprete, porque son formas que nacen y mueren de modo perpetuo y alzan sus contornos sobre un presente exacto.

Muchas veces el duende del músico pasa al duende del intérprete y otras veces, cuando el músico o el poeta no son tales, el duende del intérprete, y esto es interesante, crea una nueva maravilla que tiene en la apariencia, nada más, la forma primitiva. Tal el caso de la enduendada Eleonora Duse, que buscaba obras fracasadas para hacerlas triunfar, gracias a lo que ella inventaba, o el caso de Paganini, explicado por Goethe, que hacía oír melodías profundas de verdaderas vulgaridades, o el caso de una deliciosa muchacha del Puerto de Santa María, a quien yo le vi cantar y bailar el horroroso cuplé italiano O Mari!, con unos ritmos, unos silencios y una intención que hacían de la pacotilla italiana una aura serpiente de oro levantado. Lo que pasaba era que, efectivamente, encontraban alguna cosa nueva que nada tenía que ver con lo anterior, que ponían sangre viva y ciencia sobre cuerpos vacíos de expresión.

Todas las artes, y aun los países, tienen capacidad de duende, de ángel y de musa; y así como Alemania tiene, con excepciones, musa, y la Italia tiene permanentemente ángel, España está en todos tiempos movida por el duende, como país de música y danza milenaria, donde el duende exprime limones de madrugada, y como país de muerte, como país abierto a la muerte.

En todos los países la muerte es un fin. Llega y se corren las cortinas. En España, no. En España se levantan. Muchas gentes viven allí entre muros hasta el día en que mueren y los sacan al sol. Un muerto en España está más vivo como muerto que en ningún sitio del mundo: hiere su perfil como el filo de una navaja barbera. El chiste sobre la muerte y su contemplación silenciosa son familiares a los españoles. Desde El sueño de las calaveras, de Quevedo, hasta el Obispo podrido, de Valdés Leal, y desde la Marbella del siglo XVII, muerta de parto en mitad del camino, que dice:

La sangre de mis entrañas
cubriendo el caballo está.
Las patas de tu caballo
echan fuego de alquitrán...

al reciente mozo de Salamanca, muerto por el toro, que clama:

Amigos, que yo me muero;
amigos, yo estoy muy malo.
Tres pañuelos tengo dentro
y este que meto son cuatro...

hay una barandilla de flores de salitre, donde se asoma un pueblo de contempladores de la muerte, con versículos de Jeremías por el lado más áspero, o con ciprés fragante por el lado más lírico; pero un país donde lo más importante de todo tiene un último valor metálico de muerte.

La cuchilla y la rueda del carro, y la navaja y las barbas pinchonas de los pastores, y la luna pelada, y la mosca, y las alacenas húmedas, y los derribos, y los santos cubiertos de encaje, y la cal, y la línea hiriente de aleros y miradores tienen en España diminutas hierbas de muerte, alusiones y voces perceptibles para un espíritu alerta, que nos llama la memoria con el aire yerto de nuestro propio tránsito. No es casualidad todo el arte español ligado con nuestra sierra, lleno de cardos y piedras definitivas, no es un ejemplo aislado la lamentación de Pleberio o las danzas del maestro Josef María de Valdivieso, no es un azar el que de toda la balada europea se destaque esta amada española:

-Si tú eres mi linda amiga,
¿cómo no me miras, di?
-Ojos con que te miraba
a la sombra se los di
-Si tú eres mi linda amiga,
¿cómo no me besas di?
-Labios con que te besaba
a la sierra se los di.
-Si tú eres mi linda amiga,
¿cómo no me abrazas, di?
-Brazos con que te abrazaba
de gusanos los cubrí.

Ni es extraño que en los albores de nuestra lírica suene esta canción:

Dentro del vergel
moriré
dentro del rosal
matar me han.
Yo me iba, mi madre,
las rosas coger,
hallara la muerte
dentro del vergel.
Yo me iba, madre,
las rosas cortar,
hallara la muerte
dentro del rosal.
Dentro del vergel
moriré,
dentro del rosal
matar me han.

Las cabezas heladas por la luna que pintó Zurbarán, el amarillo manteca con el amarillo relámpago del Greco, el relato del padre Sigüenza, la obra íntegra de Goya, el ábside de la iglesia de El Escorial, toda la escultura policromada, la cripta de la casa ducal de Osuna, la muerte con la guitarra de la capilla de los Benaventes en Medina de Rioseco, equivalen a lo culto en las romerías de San Andrés de Teixido, donde los muertos llevan sitio en la procesión, a los cantos de difuntos que cantan las mujeres de Asturias con faroles llenos de llamas en la noche de noviembre, al canto y danza de la sibila en las catedrales de Mallorca y Toledo, al oscuro ln Recort tortosino y a los innumerables ritos del Viernes Santo, que con la cultísima fiesta de los toros forman el triunfo popular de la muerte española. En el mundo, solamente Méjico puede cogerse de la mano con mi país.

Cuando la musa ve llegar a la muerte cierra la puerta o levanta un plinto o pasea una urna y escribe un epitafio con mano de cera, pero en seguida vuelve a rasgar su laurel con un silencio que vacila entre dos brisas. Bajo el arco truncado de la oda, ella junta con sentido fúnebre las flores exactas que pintaron los italianos del xv y llama al seguro gallo de Lucrecio para que espante sombras imprevistas.

Cuando ve llegar a la muerte, el ángel vuela en círculos lentos y teje con lágrimas de hielo y narciso la elegía que hemos visto temblar en las manos de Keats, y en las de Villasandino, y en las de Herrera, y en las de Bécquer y en las de Juan Ramón Jiménez. Pero ¡qué horror el del ángel si siente una arena, por diminuta que sea, sobre su tierno pie rosado!

En cambio, el duende no llega si no ve posibilidad de muerte, si no sabe que ha de rondar su casa, si no tiene seguridad de que ha de mecer esas ramas que todos llevamos y que no tienen, que no tendrán consuelo.

Con idea, con sonido o con gesto, el duende gusta de los bordes del pozo en franca lucha con el creador. Ángel y musa se escapan con violín o compás, y el duende hiere, y en la curación de esta herida, que no se cierra nunca, está lo insólito, lo inventado de la obra de un hombre.

La virtud mágica del poema consiste en estar siempre enduendado para bautizar con agua oscura a todos los que lo miran, porque con duende es más fácil amar, comprender, y es seguro ser amado, ser comprendido, y esta lucha por la expresión y por la comunicación de la expresión adquiere a veces, en poesía, caracteres mortales.

Recordad el caso de la flamenquísima y enduendada Santa Teresa, flamenca no por atar un toro furioso y darle tres pases magníficos, que lo hizo; no por presumir de guapa delante de fray Juan de la Miseria ni por darle una bofetada al Nuncio de Su Santidad, sino por ser una de las pocas criaturas cuyo duende (no cuyo ángel, porque el ángel no ataca nunca) la traspasa con un dardo, queriendo matarla por haberle quitado su último secreto, el puente sutil que une los cinco sentidos con ese centro en carne viva, en nube viva, en mar viva, del Amor libertado del Tiempo.

Valentísima vencedora del duende, y caso contrario al de Felipe de Austria, que, ansiando buscar musa y ángel en la teología, se vio aprisionado por el duende de los ardores fríos en esa obra de El Escorial, donde la geometría limita con el sueño y donde el duende se pone careta de musa para eterno castigo del gran rey.

Hemos dicho que el duende ama el borde, la herida, y se acerca a los sitios donde las formas se funden en un anhelo superior a sus expresiones visibles.

En España (como en los pueblos de Oriente, donde la danza es expresión religiosa) tiene el duende un campo sin límites sobre los cuerpos de las bailarinas de Cádiz, elogiadas por Marcial, sobre los pechos de los que cantan, elogiados por Juvenal, y en toda la liturgia de los toros, auténtico drama religioso donde, de la misma manera que en la misa, se adore y se sacrifica a un Dios.

Parece como si todo el duende del mundo clásico se agolpara en esta fiesta perfecta, exponente de la cultura y de la gran sensibilidad de un pueblo que descubre en el hombre sus mejores iras, sus mejores bilis y su mejor llanto. Ni en el baile español ni en los toros se divierte nadie; el duende se encarga de hacer sufrir por medio del drama, sobre formas vivas, y prepara las escaleras para una evasión de la realidad que circunda.

El duende opera sobre el cuerpo de la bailarina como el aire sobre la arena. Convierte con mágico poder una muchacha en paralítica de la luna, o llena de rubores adolescentes a un viejo roto que pide limosna por las tiendas de vino, da con una cabellera olor de puerto nocturno, y en todo momento opera sobre los brazos con expresiones que son madres de la danza de todos los tiempos.

Pero imposible repetirse nunca, esto es muy interesante de subrayar. El duende no se repite, como no se repiten las formas del mar en la borrasca.

En los toros adquiere sus acentos más impresionantes, porque tiene que luchar, por un lado, con la muerte, que puede destruirlo, y por otro lado, con la geometría, con la medida, base fundamental de la fiesta.

El toro tiene su órbita; el torero, la suya, y entre órbita y órbita un punto de peligro donde está el vértice del terrible juego.

Se puede tener musa con la muleta y ángel con las banderillas y pasar por buen torero, pero en la faena de capa, con el toro limpio todavía de heridas, y en el momento de matar, se necesita la ayuda del duende para dar en el clavo de la verdad artística.

El torero que asusta al público en la plaza con su temeridad no torea, sino que está en ese plano ridículo, al alcance de cualquier hombre, de jugarse la vida; en cambio, el torero mordido por el duende da una lección de música pitagórica y hace olvidar que tira constantemente el corazón sobre los cuernos.

Lagartijo con su duende romano, Joselito con su duende judío, Belmonte con su duende barroco y Cagancho con su duende gitano, enseñan, desde el crepúsculo del anillo, a poetas, pintores y músicos, cuatro grandes caminos de la tradición española.

España es el único país donde la muerte es el espectáculo nacional, donde la muerte toca largos clarines a la llegada de las primaveras, y su arte está siempre regido por un duende agudo que le ha dado su diferencia y su calidad de invención.

El duende que llena de sangre, por vez primera en la escultura, las mejillas de los santos del maestro Mateo de Compostela, es el mismo que hace gemir a San Juan de la Cruz o quema ninfas desnudas por los sonetos religiosos de Lope.

El duende que levanta la torre de Sahagún o trabaja calientes ladrillos en Calatayud o Teruel es el mismo que rompe las nubes del Greco y echa a rodar a puntapiés alguaciles de Quevedo y quimeras de Goya.

Cuando llueve saca a Velázquez enduendado, en secreto, detrás de sus grises monárquicos; cuando nieva hace salir a Herrera desnudo para demostrar que el frío no mata; cuando arde, mete en sus llamas a Berruguete y le hace inventar un nuevo espacio para la escultura.

La musa de Góngora y el ángel de Garcilaso han de soltar la guirnalda de laurel cuando pasa el duende de San Juan de la Cruz, cuando

el ciervo vulnerado
por el otero asoma.

La musa de Gonzalo de Berceo y el ángel del Arcipreste de Hita se han de apartar para dejar paso a Jorge Manrique cuando llega herido de muerte a las puertas del castillo de Belmonte. La musa de Gregorio Hernández y el ángel de José de Mora han de alejarse para que cruce el duende que llora lágrimas de sangre de Mena y el duende con cabeza de toro asirio de Martínez Montañés, como la melancólica musa de Cataluña y el ángel mojado de Galicia han de mirar, con amoroso asombro, al duende de Castilla, tan lejos del pan caliente y de la dulcísima vaca que pasta con normas de cielo barrido y sierra seca.

Duende de Quevedo y duende de Cervantes, con verdes anémonas de fósforo el uno, y flores de yeso de Ruidera el otro, coronan el retablo del duende de España.

Cada arte tiene, como es natural, un duende de modo y forma distinta, pero todos unen raíces en un punto de donde manan los sonidos negros de Manuel Torres, materia última y fondo común incontrolable y estremecido de leño, son, tela y vocablo.

Sonidos negros detrás de los cuales están ya en tierna intimidad los volcanes, las hormigas, los céfiros y la gran noche apretándose la cintura con la Vía láctea.

Señoras y señores: He levantado tres arcos y con mano torpe he puesto en ellos a la musa, al ángel y al duende.

La musa permanece quieta; puede tener la túnica de pequeños pliegues o los ojos de vaca que miran en Pompeya a la narizota de cuatro caras con que su gran amigo Picasso la ha pintado. El ángel puede agitar cabellos de Antonello de Mesina, túnica de Lippi y violín de Massolino o de Rousseau.

El duende... ¿Dónde está el duende? Por el arco vacío entra un aire mental que sopla con insistencia sobre las cabezas de los muertos, en busca de nuevos paisajes y acentos ignorados: un aire con olor de saliva de niño, de hierba machacada y velo de medusa que anuncia el constante bautizo de las cosas recién creadas.

martes, 19 de mayo de 2009

El Lenguaje del Abanico:

El Lenguaje del Abanico


Cuando las damas del siglo 19 y principios del siglo 20 iban a bailes eran acompañadas por su madre o por otra persona adulta, llamada "la chaperona", para velar su comportamiento. Las chaperonas eran muy celosas por lo que las jóvenes tuvieron que inventarse un medio para poder comunicarse con sus pretendientes sin ser vistas por éstas. Usaban su abanico en diferentes formas para trasmitir los mensajes que deseaban. A continuación, una version de ese misterioso lenguaje:

Si la dama se abanica sobre el pecho lentamente, significa: "Soy soltera, no tengo novio"

Si mueve el abanico en movimientos cortos y rápidos sobre su pecho: "Estoy comprometida o tengo novio, sigue tu camino"

Si abre y cierra el abanico y lo pone en su mejilla, le indica al joven: "Me gustas"

Si coloca el abanico en su sien y mira hacia arriba: "Pienso en ti de noche y día"

Si sospecha que su amado le es infiel o lo ve hablando con otra joven, se toca la punta de la nariz con el abanico, indicándole: "Algo no me huele bien"

Si camina impaciente de lado a lado golpeando la palma de su mano con el abanico: "Ten cuidado, cariñito, por ahí viene la chaperona"

Si abre y cierra el abanico y señala hacia el jardín: "Esperame allí mi amor, pronto estaré junto a tí"

Finalmente, si mira al joven sugestivamente cubriéndose la boca con el abanico, significa que le está enviando un beso, y obviamente, el joven sabe que él es el escogido.

domingo, 3 de mayo de 2009

Las castañuelas o palillos CON DUENDE ...

Su historia, los materiales, mantenimiento:

Instrumento de percusión con siglos de antigüedad que con el paso del tiempo se ha convertido en típico del folklore español. En Andalucía, se les llama palillos y se utilizan en bailes no plenamente flamencos, como las sevillanas o los fandangos. Suelen estar hechas de maderas duras, aunque últimamente han surgido nuevos materiales como la tela prensada o la fibra de vidrio. Para tocarlas se coloca el cordel alrededor del pulgar y son golpeadas con el resto de los dedos. La talla depende del tamaño de la mano; las mujeres suelen utilizar la 6 y los hombres la 8.

SU HISTORIA
Las castañuelas son un instrumento de percusión cuyo origen se remonta a los fenicios (año 1.000 A.C.). Parecen derivarse de los antiguos crótalos, de mayor tamaño que las castañuelas de hoy, de metal, barro cocido o madera y enlazados por un cordel o cinta. España ha sido el país que ha conservado y desarrollado su uso desde entonces, hasta convertirse en patrimonio cultural español. Casi todas las regiones españolas tienen sus castañuelas tradicionales. En Andalucía, se las llama palillos. A las castañuelas no basta con saber tocarlas ,solo la técnica y la practica no son suficiente , tienen que tener duende ! ser castañuelas con duende ...
(El duende es un poder y no un obrar, es un luchar y no un pensar. Yo he oído decir a un viejo maestro guitarrista: "El duende no está en la garganta; el duende sube por dentro desde la planta de los pies". Es decir, no es cuestión de facultad, sino de verdadero estilo vivo; es decir, de sangre; es decir, de viejísima cultura, de creación en acto.(Teoría y juego del duende
Federico García Lorca
)

MATERIALES
El mejor material para la construcción de castañuelas es la madera, mejor cuanto más dura sea. Pueden ser de boj, de nogal, de palo santo, de ébano... Cuenta con especial aprecio la de granadillo, madera importada de América del Sur y de África, pero en los últimos años se han extendido por su buen resultado otros materiales como la tela prensada o la fibra de vidrio.

¿CUÁLES ME COMPRO?
- Material. Como decimos, últimamente están de moda los nuevos materiales, como la tela prensada o la fibra de vidrio, porque son los más resistentes a los cambios de temperatura y a los golpes; con unos cuidados mínimos, tendrás castañuelas para toda la vida. Sin embargo, hay quien prefiere el sonido de la madera de siempre y opta por las de granadillo, material que reúne las condiciones de dureza y sonido, muy demandado también por los profesionales. El ébano también es una madera dura con buena sonoridad.

- Talla y color. La talla depende del tamaño de la mano. Las chicas usan normalmente la talla 6 y los chicos la 8. Es importante que los palillos no sobresalgan demasiado de nuestra mano, ni nos pesen más de la cuenta. También deben ser lo más discretos posible, así que elígelos en negro o marrón; pasarán más desapercibidos en el escenario.

- Cuidado y mantenimiento. Para que las castañuelas suenen bien es necesario que estén bien hechas, pero además hay que templarlas, durante horas y horas de uso. Para mantener una buena sonoridad, no puede descuidarse su cuidado: conviene guardarlas siempre en su funda, pues la humedad, el frío y el calor excesivos pueden rajarlas y romperlas.

Flamenco - Estilos..,

SEVILLANAS


(De Sevilla). Canción folclórica procedente de la seguidilla manchega que se ha ido aflamencando. Nace para acompañar al baile que se interpreta en pareja en series de cuatro sevillanas. Es el baile andaluz que más se ha popularizado y, hoy en día, se bailan incluso en las discotecas. Antes se bailaba en los patios o casas de vecinos, también llamados corrales, y siempre se han bailado en las romerías y ferias de Andalucía. Cada vez hay un mayor número de gente que conoce los pasos de este baile debido a la proliferación de las academias.

Baile sevillanas

Se caracteriza por su gracia, su viveza, su ágil dinamismo y su flexibilidad, aunque en los últimos años han ido volviéndose más lentas. Es un baile de pareja formada por hombre y mujer o dos mujeres.

A nivel popular se ejecutan en series de cuatro coplas, cada una coreográficamente distinta, con un breve intervalo entre una y otra. Antiguamente, eran siete coplas, pues se añadían tres sevillanas boleras que, en la actualidad, sólo interpretan los profesionales por tener bastante más dificultad en el baile.

Los movimientos más significativos son paseíllos, pasadas, careos y remate. Sobre el último compás el cante, la música y el baile cesan juntos y los intérpretes terminan en un desplante garboso y provocativo, propio del baile de galanteo.

Tiene un compás de 3 x 4, es decir, de tres tiempos. De estos tiempos, el primero es fuerte y los dos siguientes son flojos.

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12

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Fandango de Huelva

El Fandango es una forma musical característica del folklore español. Se trata de un cante que ha sufrido un proceso de aflamencamiento al aclimatarse a una zona concreta, la que corresponde a la provincia de Huelva.

Aunque existen otras modalidades de Fandangos en distintas comarcas de Andalucía, los de Huelva poseen características especiales que los configuran como un grupo propio diferenciándolos del resto..

El COMPÁS de los Fandangos de Huelva es de 3/4. En el compás, el tiempo 1 es FUERTE y los tiempos 2 y 3 son FLOJOS. La forma más flamenca de marcar este compás es haciendo lo que se denomina el PALILLEO, que consiste en hacer sonar el puño cerrado para el tiempo 1 y en abrir los dedos progresiva y rítmicamente para los tiempos 2 y 3.

Algunos Fandangos de Huelva son bailables. Incluso en su origen, que no está demasiado claro, parece que acompañaban al baile. Sin embargo no es un baile muy conocido fuera de la provincia

Baile

Como baile es un estilo muy antiguo, de carácter popular, que ha ido adquiriendo con el tiempo características propias del flamenco.

Se trata esencialmente de un baile de pareja con giros propios de los bailes de galanteo. Sin embargo, no es muy conocido fuera de la provincia de Huelva.

El compás es de tres tiempos. El fandango es un ejemplo básico de compás ternario:

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12
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Tanguillos de Cádiz

El Tango de Carnaval, llamado también Tanguillo de Cádiz, e incluso, Tango de Cádiz en otras fuentes, representa la música más característica del Carnaval Gaditano. Es una copla que revive cada año y que incorpora a su melodía cadencias de otras músicas.

Su COMPÁS es de 4 tiempos: 4/4. De esos cuatro tiempos, el PRIMERO no se marca, es un SILENCIO. Los otros tres tiempos sí se marcan.

Los Tanguillos de Cádiz también se bailan. Hay distintas maneras de bailarlo, aunque siempre es por parejas, llegando a haber hasta cuatro parejas, en total 8 bailarines.

El baile por tanguillo presenta en todas sus maneras de bailarse un paso clave y unos zapateados que siempre se repiten. Este baile es uno de los que resultan más familiares en Cádiz y en los últimos años se va ejecutando cada vez más.

Baile

Baile flamenco con movimientos muy acompasados, improvisaciones garbosas, paseíllos y punteados. Ha sido adaptado a baile mixto teatral, propio para la escena. El baile por tanguillo presenta en todas sus modalidades un paso clave y unos zapateados que siempre se repiten.

A diferencia del cante que se renueva cada año, como baile conserva su categoría flamenca sin influencias de ningún tipo.

Su compás es de cuatro tiempos. El primero no se marca, es un silencio. Los otros tres tiempos sí se marcan:

1 2 3 4/1 2 3 4/1 2 3 4/

Sin embargo, en su forma más tradicional, cada acorde es de seis tiempos. Es importante que el bailaor diferencie las distintas maneras de interpretarlo.
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Cantes de Málagas - Verdiales

La raíz de los Cantes de Málaga es el Fandango Malagueño. También se llaman Cantes o fandangos ABANDOLAOS, por el primitivo acompañamiento de Bandolas que llevaban.

Los VERDIALES son la expresión más antigua y popular de este Fandango, que presenta, además, otras formas musicales. Parece que tienen origen morisco, en el Fandango de los moros andaluces.

Los VERDIALES son un cante de ritmo rápido y monótono. Su baile se ejecuta a base de saltos. Para bailarlo se precisa una pareja, como mínimo. -----------------------------------------------------------------------------------------------

Tangos

Cante flamenco a compás, de origen bailable. Presenta distintas variantes, entre las que destacamos:

Tangos de Cádiz
Tangos de Triana
Tangos de Jerez
Tangos de Málaga

En su génesis hay que hacer constar una posible influencia americana, fruto del contacto con las músicas y estilos de ultramar. Su ritmo alegre y su compás medido permite que sea interpretado al baile dando lugar a movimientos de gran brillantez y expresividad.

Baile tangos


Baile flamenco cuya antigüedad se remonta a los primeros conocimientos que se tienen de este arte. Se interpreta siguiendo su compás con movimientos agraciados, donosos y gesto pícaro y ágiles contorsiones.

Su ritmo es marcado y muy pegadizo, admitiendo las posturas y las improvisaciones personales. En su forma más simple, sin los adornos artísticos propios de profesionales, es fácil de seguir por quien tenga aptitudes para el baile.

Su compás es de cuatro tiempos. Es un compás bastante extendido, fácil de identificar. El primero es un silencio y los tiempos 2 3 4 se marcan:

1234/1234/1234/1234…

Guitarra


La mayoría de los tangos flamencos, y también de los tientos, siguen la cadencia andaluza, aunque hay variantes, sobre todo en Triana o en Granada que pasan por la escala mayor y menor.

Por ejemplo, los del Titi de Triana se hacen en tonos menores, los de Cádiz se acompañan en tonos modales, y los de Málaga o del Piyayo en tonos mayores. También hay una modalidad en Granada que se realiza por arriba a un ritmo más lento.

El tango y la rumba casi han acabado fundiéndose hoy en día, pero la principal diferencia entre ambos está en la guitarra. Son tangos cuando el guitarrista acompaña matizando acordes; cuando el tocaor marca claramente los tiempos con rasgueados secos. En el caso de la rumba la guitarra suena de forma más continua.
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Cantes de Ida y Vuelta

El cante flamenco se ha enriquecido con las aportaciones de elementos del folklore del centro y sur de América, donde se encuentran los países con los que Andalucía mantiene un estrecho contacto desde el siglo XVI. Los artistas han aflamencado las músicas de estilo americano pertenecientes al folklore de aquellos países, que les llegan, bien porque ellos mismos van a América, o porque recogen de la memoria popular los aires de ultramar, que nuestro folklore conserva de esa fusión antes citada.

Se sabe que, desde el siglo XIX, alternaban en el gusto de los públicos las tonadillas puramente andaluzas y las coplas de sabor americano. Cronológicamente diremos que la Guajira y la Milonga son los cantes que inician su entrada en el mundo flamenco más tempranamente, siendo posteriores la Colombiana y la Rumba.

En cuanto a su origen, parece ser que la Rumba y la Guajira vienen de Cuba y la Milonga de Argentina. Por contra, la Vidalita y la Colombiana son creaciones personales con detalles americanistas en su música.

La GUAJIRA, la MILONGA y la VIDALITA son cantes muy melódicos, de ejecución suave y agradable cadencia. Su mayor o menor aflamencamiento es obra del cantaor que los ejecuta.
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La COLOMBIANA, suele cantarse a compás, preferentemente por Tangos.
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La RUMBA es un cante rítmico y alegre, muy bailable

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La Saeta

La SAETA es un canto popular que se ejecuta al paso de las procesiones de Semana Santa por las calles. El origen de las Saetas está en las Coplillas que cantaban o recitaban en los siglos XVI y XVII los Padres Franciscanos. Estas coplillas servían para indicar a los pecadores que tenían que arrepentirse de sus pecados. Además de estas Coplillas franciscanas han influido en la formación de la Saeta otras dos corrientes musicales:

  • La árabe, representada por los cantos de los almuédanos, que llamaban a la oración a los fieles musulmanes.
  • La judía, representada por las salmodias que se cantaban en las sinagogas.

Hacia 1840 se produce la aparición de las Saetas Primitivas, realizadas por los intérpretes de los pueblos sobre la base de lo anterior. Era un canto monótono y lento. -------------------------------------------------------------------------------------------------

Soleá

La Soleá es un cante flamenco a compás, de gran conjunción rítmica y melódica que parece proceder de un cante para acompañar al baile desde principios del siglo XIX. Estos bailes se llamaban Jaleos, cuando los ejecutaban los hombres y Gelianas, cuando las bailaban las mujeres. Por todo esto, las Soleares más antiguas tienen un compás más ligero.

Las formas actuales de la Soleá, son el resultado de elaboraciones personales realizadas por artistas concretos, aunque en sus diversos estilos se acusan las características musicales genuinas de la zona donde se enclavan.

La Soleá es un cante de gran importancia dentro del Flamenco. Su majestuosidad, riqueza melódica y profundidad de ejecución, hacen que sea muy interpretado por los artistas.

Ya hemos dicho que la Soleá comenzó siendo un cante para acompañar al Baile, actualmente, el baile por Soleá es uno de los más ejecutados por los artistas. Es un baile que se adapta muy bien a las bailaoras, porque sus elementos principales son movimientos propios de la mujer:

movimientos de brazos (braceos)
ondulaciones de cadera
quiebros de cintura

Baile, solea

Baile puntero clasificado hoy dentro de los estilos flamencos más significativos y muy apropiado para la mujer, ya que los movimientos típicamente femeninos como los de brazos, ondulaciones de caderas y quiebros de cintura tienen una gran importancia.

Es el baile más dado a utilizar marcajes, figuras y paseíllos. Sin embargo, en la actualidad, el zapateado y los pateos también juegan un papel importante.

Algunos flamencólogos deploran la inclusión excesiva de taconeos en la soleá, a pesar de lo cual la escobilla, que consiste en un aumento progresivo de la velocidad y complejidad del zapateado en la parte central del baile, es uno de sus elementos estructurales.

Se diferencia de otros palos flamencos en su solemnidad a la hora de interpretarlo; el sentimiento pasa a un primer plano.

El compás de la soleá es un esquema básico de doce tiempos extensible a otros estilos flamencos del mismo grupo. Hay dos formas de marcaje:

123 456 78 910 1112

O bien:

123 456 78 9 y 10 1112

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Bulerías

Cante flamenco procedente del aligeramiento del compás de la Soleá. Etimológicamente, su nombre parece provenir del vocablo BURLERÍA: burla. Aparecieron a mediados del siglo XIX.

Es un cante festero, de ritmo alegre, letras intrascendentes, con mucha fuerza en su interpretación. Se presta al jaleo y al acompañamiento con exclamaciones flamencas.

Está en auge hace unos años y se tiende a «meter» por Bulerías letras de canciones y coplas, que en su origen no son flamencas. Como BAILE es uno de los que está más repleto de intuición por parte del artista y le permiten mucho lucimiento y una gran comunicación con el público.

Baile bulerias

Es un baile repleto de intuición por parte del artista que le permite mucho lucimiento y gran comunicación con el público, porque es el estilo que admite mayor improvisación.

El compás juega un papel fundamental en esa libertad de movimientos espontáneos, graciosos y pícaros. Se requiere dominio de los contratiempos, riqueza de pasos, velocidad y fuerza en los pies si se quiere zapatear y expresividad absoluta en los brazos, en el cuerpo e, incluso, en la cara.

A veces, se meten por bulerías pasos de otras danzas folclóricas y populares, aunque con un toque de guasa o de burla, y es el único palo flamenco que admite saltos en la interpretación masculina.

Tiene el mismo compás que la soleá, pero mucho más rápido:

123456789101112

o también,

123456789101112

martes, 24 de marzo de 2009

Historia del Flamenco:


  • Este arte se manifiesta en tres formas: el cante, el baile y la guitarra.

  • Al ser sus estilos de épocas muy remotas, se piensa que sus orígenes están en los cantos y danzas populares que existieron en la Andalucía hace muchos siglos.

  • La gran variedad de influencias ha sido aportada por el paso de diversas civilizaciones, razas y culturas por dicha ciudad, marcando así la evolución de sus ritmos y armonías.

  • Los ritmos no europeos que el flamenco contiene son muy cercanos a los complejos ritmos asiáticos que proceden de la India, originalmente de los gitanos. El pueblo gitano ha sido el primero que ha mantenido el flamenco vivo y lo ha representado con dedicación.

  • El cante flamenco guarda un gran paralelismo con otras manifestaciones musicales del norte de Africa, como la música marroquí.

  • Otra influencia muy fuerte del flamenco es la árabe, que se puede apreciar claramente en sus armonías.

  • El baile flamenco, sobre todo en el movimiento de caderas y manos, se asemeja a algunos bailes norteafricanos, ya que Andalucía estuvo muchos siglos influida por esta cultura.

  • El hecho de que el flamenco se considere tan puro, pero al mismo tiempo tan mestizo, puede deberse a que en estas tierras convivieron diversas razas. Los alegres ritmos folcloristicos judíos o sus antiguas músicas litúrgicas son una muestra de ello, aunque todo podría ser no mas que mera coincidencia.
  • jueves, 19 de marzo de 2009

    escuela bolera......No está muerto quien pelea

    La opinión es unánime. En América del norte o del sur, en Europa o en oriente, la danza española es sinónimo de flamenco. Nada más lejos de la realidad. Nada más lejos de la historia. Sin embargo, esa mirada parcial es uno de los principales obstáculos por los que atraviesan las danzas regionales españolas y especialmente la antigua Escuela Bolera. Muchos consideran que la fuerza del flamenco se ha devorado todo. Otros, los más puristas, lo relacionan con la falta de coraje y conocimiento de parte de los empresarios. Los cierto es que en los Estados Unidos y también en América Latina los grupos folklóricos o especializados en Escuela Bolera constituyen menos del 10 por ciento del promedio de compañías de danza española. No obstante, se distinguen países como Argentina, Cuba, México y Puerto Rico, donde las academias, además de flamenco, enseñan mayormente danzas tradicionales y Escuela Bolera.

    Falta de conocimiento, falta de publicidad, falta de bailarines que regularmente interpreten estas danzas, forman parte de esos secretos misterios que mantienen a la Escuela Bolera escondida en algunas academias o conservatorios, y disponible, con escasez, en los libros de historia. “Una de las razones por las que la Escuela Bolera no se presenta en los shows es porque es muy difícil hacerlo bien –comenta Gwendolyn Dunaif, Directora Ejecutiva de InterDance Foundation-, y hay muy pocas oportunidades para presentarla en un escenario. Es muy complicado encontrar bailarines dispuestos a sacrificarse el tiempo necesario para aprender la técnica". (fuente una revista)